A lo largo del discurrir del río, eje vertebrador del valle, se extienden pequeños pueblos que se caracterizan por su arquitectura tradicional, destacando las casonas blasonadas de sillería y los palacios y casonas solariegas y de indianos que hacen de esta comarca un lugar de gran riqueza patrimonial, tanto civil como religiosa.
La abundancia de canteros en la zona y la pujanza económica en la Edad Moderna, propició la construcción de importantes casas solariegas y palacios durante el XVII y XVIII. Desde finales del XIX, con el regreso de algunos indianos, aparecen también ejemplos de "arquitectura indiana", con edificios de grandes solanas acristaladas, en un momento en que el cristal era un auténtico lujo.
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